La planificación familiar es una inversión inteligente

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El acceso universal a anticoncepción salvaría millones de vidas.

De los 926 millones de mujeres en edad de procrear en los 69 países más pobres del mundo, 314 millones usan métodos anticonceptivos modernos.

Las crisis políticas, los escándalos y la disfunción siguen dominando la agenda noticiosa global. No sorprende, por lo tanto, que mucha gente haya pasado por alto el anuncio del Reino Unido el mes pasado de que invertirá 600 millones de libras (779 millones de dólares) para brindar acceso a otros 20 millones de mujeres y niñas en el mundo en desarrollo a la planificación familiar.

Hace cuatro años, los líderes mundiales prometieron lograr un acceso universal a los servicios de planificación familiar en 2030. Sin embargo, en 2017, el último año sobre el cual hay disponibilidad de datos, el financiamiento de los motores globales para este tipo de servicios fue de alrededor de 1.270 millones de dólares –muy por debajo del pico de 1.430 millones de dólares en el 2014–. Claramente, más gobiernos necesitamos seguir el ejemplo del Reino Unido.

Algunos programas de planificación familiares cuentan con un financiamiento crónicamente insuficiente. La administración del presidente estadounidense, Donald Trump, al igual que sus antecesores republicanos, ha abandonado muchas de estas iniciativas porque no quiere utilizar el dinero de los contribuyentes para 'financiar abortos'. (En general, el gasto en desarrollo de Estados Unidos se ha mantenido, de todas maneras, estable). Pero la política de la administración Trump tal vez no alcance su objetivo buscado: según un estudio de la Universidad de Stanford, una ley estadounidense similar en el gobierno del entonces presidente George W. Bush resultó en más abortos, porque recortó el financiamiento a ONG que ofrece anticonceptivos.

La investigación del Centro de Consenso de Copenhague intentará por el gobierno del Reino Unido demostrará por qué deberíamos luchar por un acceso universal a la contracepción moderna. En el estudio, Hans-Peter Kohler y Jere Behrman, de la Universidad de Pensilvania, estiman que constancia unos 3.600 millones de dólares por año, servicios de planificación familiar a las mujeres que carecen de acceso.

Los embarazos y nacimientos muy poco espaciados y que alcanzaron un momento inoportuno a altas tasas de mortalidad infantil, mientras que la evidencia que representa a las mujeres que tienen más de cuatro hijos tienen un riesgo de mortalidad mayor.

Kohler y Behrman estiman que alcanzar un acceso universal a la contracepción resultaría cada año en 640,000 muertes menos de recién nacidos, 150,000 muertes maternas menos y 600,000 niños menos que pierden a sus madres. Al cuantificar estos beneficios para la salud en términos económicos, Kohler y Behrman encuentran que cada dólar invertido en mejorar el acceso a la contracepción genera un beneficio de 40 dólares para la sociedad.

Es un dato bastante impresionante. Pero los países pobres con un mayor acceso a la contracepción también se benefician con un "dividendo demográfico" –específicamente, el crecimiento económico acelerado que puede resultar de un aumento en la relación entre personas en edad laboral y dependientes–.

En los países menos avanzados, más del 40% de la población normalmente tiene menos de 15 años, y la dependencia de los adultos en edad laboral para un sustento financiero. Pero cuando las mujeres pueden elegir cuándo y con qué frecuencia quedarse embarazadas, es más probable que tengan menos hijos, a la vez que están en mejores condiciones de lograr su tamaño familiar deseado. Y cuando las tasas de nacimiento caen, la cantidad de dependientes se achica en relación con la población en edad laboral.

Cuando hay menos gente que sustentar y, llega el caso, más gente en edad laboral, un país tiene una ventana de oportunidad para un crecimiento económico rápido.

Es más, tener familias más pequeñas les permite a los padres invertir más en cada hijo. Los hijos con menos hermanos perdieron a quedarse más tiempo en la escuela, por ejemplo. Y con menos hijos en cada grupo etario, cada hijo también puede usar más capital de la sociedad, lo que los torna más productivos.

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