Nadal, de vuelta a una final

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Después de cinco torneos seguidos quedándose en la penúltima ronda, el número dos frena a Tsitsipas (6-3 y 6-4, en 1h 42m) y da un salto de juego a la espera de rival para mañana: Djokovic o Schwartzman

Decía Rafael Nadal que sabía qué debía hacer, que plan debía llevar a cabo exactamente, para ganarle al jovencito respondón que hace una semana le cerró el camino en la Caja Mágica. Lo dijo en Madrid –“lo tenía claro, pero no he sido capaz de hacerlo…”– y lo repitió con voz firme en la antesala del duelo contra Stefanos Tsitsipas en la arena del Foro Itálico de Roma: “Sé qué ocurrió allí y conozco las soluciones, porque la teoría es fácil, pero no es fácil hacerlo. Pero sí, sé cómo debo jugarle mañana [por hoy]...”, trasladó el número dos, que del dicho pasó al hecho: 6-3 y 6-4 (en 1h 42m), y por lo tanto, Nadal desembarcando en la final del torneo italiano, que a su vez supone la segunda del año.

Se exigía el de Manacor un salto, un plus que, decía él, no estaba demasiado lejos, pero que se le resistía porque en los cinco últimos torneos no había sido capaz de franquear la barrera de la penúltima ronda (Indian Wells, Montecarlo, Barcelona, Madrid…) pese a dibujar una línea ascendente. Y por fin llegó. De nuevo, otra vez, Nadal volvió a desprender esa sensación de hacérsele inmenso al adversario, de disponer y ordenar a su antojo, por más que Tsitsipas tratara de discutirle el mando con ese descaro y ese compendio de facultares exuberantes que más tarde o más temprano le concederán el gran premio en algún torneo de renombre.

El griego volvió a salir a la pista a pecho descubierto, planteando una ofensiva total, seguramente porque esa es la mejor vía para desbordar a un dominador que inflige tantísimo respeto en el adversario que lo suele achicar desde el primer intercambio. No así a Tsitsipas, que tenía ante sí el himalayesco reto de superar por segunda vez a Nadal en apenas una semana. Conocía el camino el ateniense, la vía hacia el éxito, pero de un sábado a otro las circunstancias dieron un giro de dimensiones considerables: Roma no es Madrid, la bola viaja de una forma bien distinta y, sobre todo, Nadal va corrigiéndose y cogiendo el toro por los cuernos.

En el Foro Itálico, al nivel del mar, el lenguaje cambia por completo. La pelota concede una milésima más para pensar, un punto más de pausa, y en esas Nadal es prácticamente ingobernable. Llega el balear con más comodidad, fija mejor los apoyos y su derecha adquiere un extra que hizo especialmente mella en el revés a una mano del griego. Esa milésima le permite a Nadal acelerar la transición defensa-ataque, con lo que todo ello conlleva: más control, más efectos, mayor resolución.

Pronto se lo hizo saber al rival, al segundo juego. De repente, Tsitsipas (20 años) se topó con dos contragolpes majestuosos en un par de subidas a la red que habilitaron el primer break de la tarde, para 2-0: un passing cruzado de manual, con el revés, y otro prácticamente seguido con la derecha, en formato paralelo. Dos tiros deliciosos que marcaron muy rápido el patrón del partido, al dictado de Nadal pese a que su contrincante no volviese la cara en ningún momento y le rebatiera hasta el final.

Más fresco, puesto que el día previo no tuvo que competir contra Roger Federer por la renuncia del suizo, Tsitsipas lo intentó todo, pero su tenis perdió un punto de efervescencia con respecto a lo ocurrido en Madrid, y cedió otra vez el servicio en el tramo inicial de la segunda manga (2-1). Demasiado terreno de por medio. El escenario ideal para Nadal, marcando las distancias, afilando el saque –solo concedió cinco puntos con segundos– y alcanzando el punto de ebullición necesario para ejecutar el salto que se demandaba. Su bola enroscada atemperó el ímpetu ofensivo de Titsipas y comentó una victoria de un sustancioso contenido anímico: por fin, Nadal rompió la barrera de las semifinales y soltó lastre. A lomos del drive y jugando en largo, el balear superó un examen de altura y aguarda a Novak Djokovic o Diego Schwartzman (20.00, Movistar+D) por el trofeo de Roma.

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