La miedosa ofensiva contra el aborto en Estados Unidos

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Dos proyectos de ley, aprobados en Georgia y Alabama (EE. UU.), restringen severamente el aborto. El debate que se abre sugiere que los grupos conservadores estadounidenses buscan llevar su batalla hasta la Corte Suprema, que en 1973 habilitó el aborto. ¿Eso puede cambiar?

Los enemigos del aborto en Estados Unidos acaban de ganar dos importantes batallas. Primero fue en Georgia, que firmó a comienzos de mayo una ley que prohíbe abortar si se detecta el latido del corazón del feto.

Antes de eso, en el estado de Georgia una mujer podía tener un aborto hasta la semana 20 de su embarazo. 

"La norma es muy simple pero también muy poderosa: Es una declaración de que toda vida tiene valor, importa y es digna de protección", dijo Brian Kemp, gobernador del estado de Georgia.

Ocho días después el turno fue para Alabama, que aprobó la ley más restrictiva de todo el país: no sólo prohíbe la interrupción del embarazo en cualquier etapa sino que castiga hasta con 99 años de prisión al médico que lo practique.

La gobernadora del estado de Alabama, la republicana Kay Ivey, rubricó este la polémica ley que prohíbe el aborto en ese territorio sureño y desafía así la legalidad de esta práctica en Estados Unidos, consagrada en un fallo del Tribunal Supremo de 1973.

¿Qué está pasando con el aborto en EE. UU.?

Los promotores del proyecto son conscientes de que la ley no entrará por ahora en vigor ya que contradice el fallo del Tribunal Supremo de 1973 conocido como "Roe v. Wade", que legalizó la práctica del aborto en todo el país.

Su objetivo, sin embargo, es iniciar una batalla legal que lleve la nueva norma hasta el Alto Tribunal para que sus magistrados puedan reconsiderar el fallo de 1973 y por lo tanto la legalidad del aborto en EE. UU.

"Podemos reconocer que, al menos a coto plazo, esta ley también será inaplicable", dijo en un comunicado la gobernadora.

"Como ciudadanos de este gran país, siempre debemos respetar la autoridad del Tribunal Supremo de EE. UU., incluso cuando no estemos de acuerdo con sus decisiones", añadió Ivey, en referencia al fallo "Roe v. Wade".

"Los impulsores de esta ley creen que es hora de que el Tribunal Supremo examine, una vez más, este importante asunto, y creen que esto (la aprobación de la nueva norma) puede provocar la mejor oportunidad para que ocurra", concluyó la gobernadora.

¿Una Corte partidista?

Mary Ziegler, profesora, explica que, los argumentos en contra del aborto, basados en la ley naturales, fueron perseguidos en los años 60 y 70 con poco éxito. 

"Estos estudiosos en contra del aborto evitaron el originalismo, el enfoque conservador prevaleciente de la interpretación constitucional, y en cambio se centraron en reprender al Tribunal Supremo por no reconocer el derecho fundamental a la vida que habría hecho ilegales todos los abortos, incluso en el caso Roe", señala Ziegler.

"A principios de la década de 1980, los enemigos del aborto renunciaron a esta estrategia. Esto se debe a que, al parecer, ni los jueces ni muchos otros abogados conservadores se sintieron completamente cómodos con el reconocimiento de derechos no detallados en el texto o en la historia de la Constitución", agrega.. 

Pero con el actual panorama político en Estados Unidos, los legisladores antiaborto se sienten facultados para ir más allá y ahora intentar prohibir el aborto por completo. El plan: volver ilegal el aborto en todo el país. 

 En EE. UU. el aborto es legal en la práctica desde que en 1973 el Tribunal Supremo declaró inconstitucional cualquier interferencia del Estado en la decisión de la mujer sobre el embarazo.

En los últimos años, sin embargo, el movimiento conservador ha tratado de que el Alto Tribunal, de mayoría derechista, vuelva a estudiar su constitucionalidad para revertir la decisión de 1973.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y los nombramientos en el Supremo de los jueces conservadores Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh han supuesto esperanzas renovadas para los que anhelan su prohibición.

Trump, además, ha retirado la financiación pública a las clínicas de planificación familiar que ofrecen abortos, una medida dirigida sobre todo a Planned Parenthood, la mayor de estas organizaciones en el país contra la que los conservadores tienen una cruzada.

Batalla en tribunales

La mayor organización de derechos humanos de Estados Unidos, ACLU, prometió bloquear estas leyes en los tribunales. Y esa es la intención.

En una encuesta conducida por el centro de investigaciones Pew el año pasado, 58% de los consultados dijeron que el aborto debería ser legal en todos los casos, mientras 37% cree que debería estar prohibido.

El presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, expresa constantemente su preocupación por mantener la reputación de la Corte como una institución no partidista y se unió a los jueces liberales para bloquear la aplicación de una ley de Louisiana que exige que los proveedores de servicios de aborto tengan privilegios de admisión hospitalaria.

El juez Brett Kavanaugh dedicó gran parte de su audiencia de confirmación a detallar su respeto por los precedentes, especialmente los "súper precedentes" como Roe.

"Pero incluso cinco jueces conservadores pueden dudar en derribar por completo a Roe. El precedente es un principio legal poderoso, que permite a los abogados asesorar a sus clientes y facilitar la coherencia en el cumplimiento de las leyes a lo largo del tiempo. Si el llamado proyecto de ley de latidos del corazón de Georgia o la prohibición del aborto de Alabama terminaran ante el tribunal superior, podrían ofrecer una oportunidad dramática para que la Corte deshaga 46 años de jurisprudencia sobre el aborto. O tal vez uno de estos proyectos de ley proporcionará una oportunidad: una oportunidad para limitar el aborto, poco a poco, hasta que un día se haya prohibido en todo menos en el nombre".

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