La depresión es más que un desequilibrio químico: Harvard explica qué le hace a tu cerebro

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La depresión no resulta de un desequilibrio químico en el cerebro, como se suele decir. Esta manera de describir la enfermedad mental es limitada: hay muchas posibles causas de depresión, incluyendo la incapacidad del cerebro de regular el humor, una disposición genética, eventos traumáticos, medicamentos o problemas de salud física. Se cree que varios de estos factores interactúan y se unen para posibilitar el desarrollo de la depresión.

La depresión no aparece por un químico que le falta al cerebro u otro que aparece en exceso; hay miles de millones de reacciones químicas que son responsables del humor y de la percepción, explica Harvard.


Debido a esta complejidad, dos personas pueden presentar los mismos síntomas de depresión, pero el problema interior puede ser muy diferente, y por eso un mismo tipo de tratamiento puede ser efectivo para una de ellas pero no para la otra.


La investigación ha llegado lejos en cuanto al estudio de la depresión: se han identificado genes que intervienen en el humor y que tienen influencia sobre cómo las personas responden a la terapia con medicamentos.


Pero, si bien se conoce mucho más hoy que hace algunos años, la medicina está lejos de completar su entendimiento sobre la biología de la depresión.


Qué le hace la depresión a tu cerebro

El importante papel de la neurogénesis

Los investigadores creen que, para el desarrollo de la depresión, son más importantes el proceso de crecimiento de las neuronas y las conexiones entre ellas, además del funcionamiento de los circuitos neuronales, que los niveles de ciertos químicos en el cerebro.


Usar la tecnología de imagen por resonancia magnética funcional (IRMf) fue una ventaja muy grande para el descubrimiento de los procesos que tienen un papel importante en la salud mental: ha ayudado a entender qué áreas del cerebro manejan el humor, además de la manera en que las enfermedades mentales afectan otras funciones como la memoria.


La investigación ha demostrado que el hipocampo, una de las principales estructuras del cerebro, es más pequeño en las personas con depresión. En un análisis de IMRf publicado en The Journal of Neuroscience que estudió a 24 mujeres con una historia de depresión, el hipocampo era de 9 a 13 % más pequeño en promedio, comparado con el de mujeres que no habían tenido depresión.


El descubrimiento más interesante de este estudio fue que, cuantos más episodios de depresión había tenido la mujer, más pequeño era el hipocampo. Los expertos creen que el estrés puede tener un rol importante en el vínculo entre la depresión y el hipocampo, dado que puede suprimir la producción de neuronas en esta estructura.


Por eso los investigadores están ocupados en descifrar la relación entre la producción lenta de neuronas en el hipocampo y los estados de desánimo. El lento funcionamiento de los antidepresivos apoya este vínculo: si bien estos medicamentos aumentan la concentración de neurotransmisores, los pacientes no comienzan a sentirse mejor después de semanas de comenzado el tratamiento. Esto puede deberse a que el humor solo mejora cuando las neuronas forman nuevas conexiones, un proceso que lleva tiempo.


En estudios animales se ha comprobado que los antidepresivos pueden acelerar el surgimiento de células en el hipocampo: para que fueran más efectivos, debería darse con un químico que específicamente tenga este cometido.


El efecto de la depresión en diferentes áreas del cerebro

La depresión afecta tres importantes estructuras del cerebro: la amígdala, el tálamo y el ya mencionado hipocampo.


Amígdala. Esta estructura, parte del sistema límbico, se asocia con emociones como enojo, placer, miedo, dolor y excitación sexual. La amígdala se activa cuando aparece un recuerdo cargado de emociones, como una situación aterradora. La amígdala es más activa cuando una persona está triste o deprimida. Incluso después de recuperarse de la depresión, una persona puede experimentar mayor actividad en esta estructura.

Tálamo. El tálamo recibe la mayor parte de la información sensorial y la envía a la parte de la corteza cerebral que le corresponda; la corteza cerebral, a partir de esta información, dirige funciones complicadas, como el lenguaje, la conducta, los movimientos, el pensamiento y el aprendizaje. El trastorno bipolar podría originarse en un problema en el tálamo, que trabaja distinguiendo sensaciones placenteras de las desagradables.

Hipocampo. La relación entre el hipocampo y la amígdala puede resumirse en un refrán: «El que se quema con leche, ve una vaca y llora». El hipocampo registra el miedo cuando una situación estresante sucede, y la amígdala la revive para cuidarte de encontrar la misma situación. La investigación sugiere que la exposición continua a la hormona del estrés perjudica el crecimiento de las neuronas en el hipocampo, y por eso es más pequeño en las personas con depresión.


Los neurotransmisores y la depresión

El objetivo de los tratamientos para la depresión es ayudar al cerebro a regular mejor el humor. Se sabe que los neurotransmisores no son la parte más importante de esta maquinaria, pero tienen una cierta importancia: están involucrados en la comunicación de neurona a neurona y son una parte del cerebro que, con el conocimiento actual, se puede influenciar a través de medicamentos.


A veces, el sistema de transmisión de una neurona a otra falla, y esto es lo que pasa en personas que tienen algún trastorno mental, como la depresión. Las neuronas, en un estado normal, producen niveles de neurotransmisores que sostienen los sentidos, los movimientos y el humor.


Cuando fallan, los receptores pueden hipersensibilizarse o insensibilizarse ante determinado neurotransmisor, provocando que la respuesta ante estos químicos sea excesiva o escasa. Cada una de estas fallas puede afectar el humor de manera significativa.


Los científicos han identificado muchos tipos de neurotransmisores. Estos son algunos que, se cree, pueden estar involucrados en el desarrollo de la depresión:


Serotonina. Regula el sueño, el apetito y el humor, e inhibe la respuesta ante el dolor. La investigación apoya la idea de que muchas personas depresivas pueden tener una transmisión reducida de serotonina. Los bajos niveles de un derivado de la serotonina, por ejemplo, han sido vinculados a un riesgo mayor de suicidio.

Norepinefrina. Comprime los vasos sanguíneos, aumentando la presión arterial. Puede provocar ansiedad y ser responsable de algunos tipos de depresión. Parece determinar la motivación y la respuesta positiva ante las recompensas.

Dopamina. Es esencial para el movimiento e influencia la motivación. También juega un papel importante en la percepción de la realidad. Los problemas en la transmisión de la dopamina están asociados con la psicosis y otros tipos de pensamiento distorsionado.

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